¿Te acordás del famoso Plan Austral?

El 14 de junio de 1985, el presidente argentino Raúl Alfonsín anunció el lanzamiento del Plan Austral, que comprometía al Gobierno a no realizar nuevas emisiones monetarias y por el que congeló precios y salarios y creó una nueva moneda. El proyecto estuvo a cargo de Juan Vital Sourrouille, ministro de Economía del gobierno radical.

Durante la década del ‘80 hubo inestabilidad en la economía internacional. Los países desarrollados reestructuraban sus economías para hacerlas más competitivas. Varios países latinoamericanos sufrieron agudos y prolongados procesos inflacionarios, bordeando la hiperinflación en algunos de ellos. Muchos adoptando planes “heterodoxos” de estabilización de precios.

En la Argentina, se creó el Plan Austral. En febrero de 1985, Sourrouille reemplazó al frente del Ministerio de Economía a Bernardo Grispun. Y unos meses después, en junio, lanzó el conocido programa con el fin de congelar las tarifas, los precios y los salarios, regular las tasas de interés y no emitir moneda sin respaldo. Inicialmente, el plan tuvo éxito, al lograr bajar la inflación. En el corto plazo, aumentaron las exportaciones, las reservas y la recaudación fiscal.

Sin una política clara, diseñada a largo plazo, el plan ideado durante el primer gobierno democrático, tras la prolongada dictadura militar, fracasó. El proyecto dependía demasiado de que hubiera buenos precios para las exportaciones argentinas. De esta manera, si bien la inflación se detuvo en el corto plazo se produjo una distorsión de los precios relativos en el mediano plazo, que se vio reflejado, por ejemplo, en el aumento del precio de la carne.

En 1986, se introdujeron algunos ajustes al plan, al permitirle a las empresas subir los precios para compensar los aumentos de salarios. En agosto de ese año, la situación era insostenible, los precios subían y aumentaba el déficit fiscal. Ante la necesidad de reducir el déficit, pensaron privatizar algunas empresas públicas, intento que finalmente no se llevó a cabo. Estas medidas propuestas para salvar al plan fueron rechazadas por la oposición, que sumado a la puja sindical por mayores salarios y reclamos de los bancos acreedores por el pago de la deuda externa acompañaron al fracaso del Plan Austral.

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Los precios aumentaban considerablemente formándose un círculo vicioso por el déficit fiscal. El Gobierno necesitaba financiamiento entonces colocaba bonos. Para que los bonos sean atractivos, aseguraba una alta tasa de interés. Entonces, tenía que pagar más intereses, aumentaba el déficit y tenía que colocar nuevos bonos.

En 1988, la Argentina no pudo pagar la deuda externa. Ese año, la economía argentina acentúo su estado crítico: recesión, inflación, bajos salarios y desocupación. Se presentó un nuevo plan para estabilizarla. Como medida, se establecieron dos mercados cambiarios, uno para el comercio exterior y otro para las finanzas. También, se buscó un acuerdo entre sindicatos y empresarios para evitar el aumento de precios y salarios. Sin embargo, el gobierno volvió a emitir bonos y nuevamente se produjo un aumento del déficit fiscal.

La gravedad de la crisis económica y la incapacidad del gobierno argentino para para hacerle frente, condujo a una erosión de la confianza en los inversores, a la fuga masiva de capitales, a la devaluación del peso y a una hiperinflación. Ante esta situación, renunció Sourrouille y asumió Juan Carlos Pugliese, que poco después le cedió su puesto a Jesús Rodríguez. El caos era incontrolable, a tal punto que el 8 de julio, Raúl Alfonsín renunció a la presidencia y se hizo el traspaso de poder al peronista Carlos Menem antes de tiempo. El riojano había ganado las elecciones presidenciales del 14 de may

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